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Los juguetes especiales

Descargas > 6º Certamen Literario "Villa de Cilleros" - 2015 > Obras ganadoras

“Los juguetes especiales”


Había una vez una niña muy caprichosa llamada Míriam, que tenia muchísimos juguetes, pero nunca jugaba con ellos porque le aburrían y algunos no le gustaban y no les hacia ni caso, más bien, los tenia de adorno, y cuando su madre le decía de donarlos a los niños pobres tampoco quería. Ella se lo perdía, pues aquellos juguetes tenían algo que no poseían los demás. Eran unos juguetes especiales, hacían todo tipo de cosas, hablaban, reían, bailaban, hacían fiestas… Pero claro cuando la niña no estaba y estaba durmiendo. Tenia todo tipo de juguetes: 8 peluches, muñecas, coches de carreras, barbies, figuritas de playmovil, etc. Pero Míriam no sabia ni los que tenia, porque no los usaba. Los juguetes tampoco conocían a su dueña, solo la vieron cuando los compró y ya esta. DE vez en cuando la veían cuando entraba en la habitación y poco mas. Míriam tenia diez años, los niños y niñas de su edad se pasaban muchas tardes jugando con sus juguetes, pero ellos se divertían. Míriam era rica y por eso compraba todos los juguetes que quería.
La pequeña no sabia que los juguetes tenían vida. Una soleada mañana de sábado los juguetes estaban hablando en la habitación mientras Míriam estaba en el despacho de su padre haciendo deberes…
- ¡Nunca ha jugado con nosotros! No nos hace ni caso, dijo el osito de peluche mosqueado.
- Tranquilo Teddy, le tranquilizo la Barbie, yo todavía tengo la esperanza de que algún día juegue con nosotros, nunca se sabe.
- No se yo… creo que deberíamos escaparnos, seguro que no se dará ni cuenta, no le importamos, exclamo un coche de carreras.
- Podemos esperar un poco más, solo esta semana y si no juega con notros nos iremos, dijo Barbie.
- Esta bien, solo esta semana, si llega el viernes por la noche y no ha jugado con nosotros nos marcharemos el sábado siguiente -le respondió Teddy.
- La verdad, es que Barbie no se quería ir. Míriam no jugaba con ellos, pero desde el momento que la niña la compro, Barbie pensó que si que lo haría, pero se equivoco. Intentaría averiguar por que nunca ha jugado con los juguetes y también que juegue antes del viernes.

Esa misma tarde vino a su casa su mejor amiga Clara y entraron a la habitación, los juguetes estaban inmóviles porque cada vez que oían ruido de alguien que acercaba, se colocaban de la misma manera que estaban cuando los dejaron.

- Míriam ¡Me encantan tus juguetes! Dijo Clara muy entusiasmada.
- Bah… No son gran cosa.
- Si yo tuviese tantos juguetes como tu, me pasaría todas las tardes jugando con ellos ¿Por qué no jugamos ahora un rato? Seria divertido.
- Clarita, no digas tonterías, no vamos a jugar, eso es para críos.
- No tiene nada que ver jugar, con la edad no hay limites, cualquiera lo puede hacer.
- Anda, anda, mejor vamos un rato a mi jardín o a la cocina a merendar, porque creo que estas empezando a delirar un poco…
Clara se calló pues no tenía ganas de discutir con su mejor amiga, aunque sabia que Míriam no tenía razón y luego se dirigieron al jardín. Cuando los juguetes se quedaron solos en la habitación comenzaron a hablar sobre lo que había pasado.
- ¿Lo habéis escuchado?, exclamo Barbie.
- Sí, Clara parece una buena persona, no se parece en nada a Míriam, ¡son todo lo contrario! Ojala fuese ella nuestra dueña, dijo el oso Teddy.
- Chicos, creo que tengo una idea… grito Barbie
- ¿Qué estas diciendo Barbie? Cuéntanos. Le respondió el coche de carreras.
- Podríamos hablar con Clara.
- ¿Revelarle nuestro secreto? ¿Estás segura? ¿Y si se lo cuenta a Míriam? Exclamo un muñeco con un biberón.
- Si, creo que Clara es de confianza. Ella podría hablar con Míriam y convencerla para que juegue con nosotros.
De repente escucharon unas voces tras la puerta.
- Mama, mama- gritaba Míriam - ¿Puede quedarse Clara a cenar?
- Por supuesto que si.
- ¿y a dormir también?
- Sí, pero no os acostéis muy tarde ¿vale?. Decirle a la cocinera que os prepare lo que queráis.
Los juguetes que lo habían oído también, dijeron:
- Perfecto, si Clara se queda a dormir, podremos hablar con ella.
Entonces Clara, se dirigía al baño, cuando oyó un susurro en la habitación de Míriam y como era tan curiosa, entro y vio a los juguetes hablando delante de ella. Clara se restregó los ojos un par de veces, pero los juguetes seguían hablando y entonces Barbie se dirigió a ella.
- Si Clara, hablamos, no te lo estas imaginando, pero no se lo puedes decir a Míriam. Es nuestro secreto. Te lo estamos contando a ti, porque creemos que eres de fiar y tienes que ayudarnos -¿Y como os ayudo? ¿En que?, Respondió Clara atónita.
- Por favor, tienes que conseguir antes del viernes que Míriam juegue con nosotros, explico Teddy.
- ¿Y que pasara si no lo consigo?
- Nos iremos… -Respondió el coche de carreras.
- Está bien, lo intentaré, y tranquilos que no le diré nada a Míriam. Mañana la convenceré que juegue con vosotros. -Dijo Clara, y se fue rápidamente porque Míriam la estaba llamando para cenar.
Esa misma noche hicieron fiesta de pijamas, vieron una película, jugaron y se quedaron dormidas a las once y media.
Por la mañana, ya era domingo y las niñas se despertaron a eso de las diez. Fueron a desayunar, bizcocho, con unas tortitas y una vaso de leche con cacao. Después volvieron a la habitación y Clara exclamo:
- ¿Nunca juegas con estos juguetes?
- No… nunca lo he hecho.
- ¿Quieres que juguemos?
- No me apetece mucho la verdad.
- Venga, será divertido.
- ¡Claraaaa! Ha venido tu madre a buscarte -Grito la madre de Míriam desde la entrada.
- Bueno, parece que me voy. Mañana te veo en clase. Espero que juegues con tus juguetes, son especiales y no son nada aburridos, cualquier niño desearía estar en tu lugar, por lo menos, intentalo porque quiero venir algún día a tu casa y jugar las dos juntas con ellos.
Clara se fue, ya al salir le guiño un ojo a Barbie y los demás juguetes. Míriam se quedo sola en la habitación, pensando en lo que le había dicho su amiga. Lo estuvo pensando durante unos minutos en silencio y su primera reacción fue coger la Barbie. Después cogió al oso Teddy. Y de repente pasó lo que tenía que pasar, ¡Míriam se puso a jugar! Los juguetes estaban muy alegres por dentro. La niña estuvo jugando hasta la hora de comer y luego por la tarde volvió a jugar con ellos. Los juguetes no se lo creían. El día siguiente en la escuela…
- Clara, gracias. Le dijo Míriam muy contenta a su mejor amiga.
- No las des anda, le respondió ella, sabiendo a que se refería. -Estoy deseando que juguemos juntas con los juguetes. Y luego se abrazaron, Míriam se dio cuenta que jugar con juguetes no era aburrido, sino todo lo contrario, que no hacia falta ser ni muy pequeño, ni muy mayor, para poder jugar.
Con solo un poco de imaginación, era suficiente. Y así, Míriam, Clara y los juguetes siguieron jugando por mucho tiempo juntos.




LUCIA MARTÍN


 


Desde 19/10/2009

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