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Descargas > 2º Certamen literario "Villa de Cilleros" 2010 > Poesia

"VENI, VIDI, VICI"

Veni


Llegaste a mí una tarde de junio,
¿o fue una mañana de invierno?.
Vitales,
como el tibio sol de un amanecer
descubrí tus ojos.
Pronto la prístina luz de tu mirada
se me antojó esencial.
Necesaria, indispensable,
para despertar cada mañana.
Luego, como un susurro, llegó tu voz.
Un canto de sirenas
para el que Ulises, incauto,
no me había atado al mástil principal.
Caí en su eco, como
una nota desafinada que se paga
ante la más deliciosa melodía
como la luz de una vela que se pierde
ante el resplandor
de la aurora boreal.


Vidi


No creía en la guerra.
Enarbolaba en mi mano siempre
una blanca bandera de la paz.
Hasta que me sentí asediado.
Hasta que una metralla de tu sonrisa
atravesó mi pecho.
Hasta que la punzante saeta de tu mirada
se hendió en mi corazón.
Sangraba, inerte.
Lloraba,
viendo como por mis heridas se fugaba
gran parte de mi vida.
Cómo la coraza que, con la paciencia
de un alquimista, había forjado
alrededor de mis sentimientos
se había resquebrajado.
Cómo el yelmo de mi conciencia,
que me resguardaba de viejos daños,
caía sobre el albero de un anfiteatro vació
en el que solo tú y Atenea,
diosas del amor,
disfrutaban del espectáculo.
Dibujé un Guernica de corazones,
un dos de mayo de flores,
y caí rendido como Botticelli,
al triunfo de Venus en Marte.
Postré mis grebas en tierra,
rasgué mi loriga para dejar que me abatieras.
No mostré resistencia.
Y un susurro certero,
de tu dulce voz, letal,
cercenó mi brunia,
y se incrustó por siempre
en mis pensamientos.

Vici


Puede que algún día mis poemas no hablen de la luna.
Puede que omitan el sol, los pájaros, las flores,
la primavera o la hojarasca.
Puede que un día no hable de tu deliciosa voz,
de dormir en tu regazo, o naufragar en tu mirada.
Puede que olvide hablar de la tersura de tu piel,
del terciopelo que te cubre o de
tu sonrisa de nácar.
Puede que escriba un poema
sin que cante la oropéndola o sin el ulular
del viento, al pasar por mi ventana.
Quizás escriba un día versos
sin fuentes de agua fresca,
que me recuerdan tus ojos,
ni huellas que seguir
cuando te busco en la playa.
Escribirá versos sin aroma, sin el jazmín
de tus manos, sin el acento del olivo
de tu sierra de Gata.
Ese día escribiré un poema
que se limite a pasar
mis dedos por tu piel y te convierta
en palabra.
No harán falta comparaciones, sobrarán las metáforas.
Tan solo escribiré un poema
con tu olor, con tus ojos, con tu boca,
con mi amor,
sin figuras literarias.



JUAN CARLOS HERRERO BERMEJO

 


Desde 19/10/2009

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